Comer sin hambre, comer por ansiedad… Cuántas veces sucede, a eso es a lo que llamamos hambre emocional. Ahora, pudiera ser, agravada por la cuarentena en casa a causa del coronavirus.

El hambre emocional surge repentinamente y pide al organismo satisfacer esa “necesidad” con un alimento específico, que por lo general está asociado a dulces, patatas fritas, chucherías o comida rápida. En definitiva, a alimentos ricos en hidratos de carbono y en grasas. Pero… ¿Por qué se tiene esa necesidad de comer de golpe? ¿Cómo se puede combatir?

  • El hambre emocional nace como respuesta al malestar emocional y en vez de investigar qué es lo que nos afecta, se entierra comiendo. Lo interesante, además de poner freno a los excesos gastronómicos y regularlos, es investigar solos o con ayuda profesional qué nos está pasando, ponerle remedio si es posible y si no lo es, asumirlo y tratar de superarlo.
  • Mantener la mente ocupada. Uno de los mejores trucos para evitar el hambre emocional es distraer la mente con cualquier actividad sencilla, leer, pintar, trabajar…
  • Hacer deporte. Practicar ejercicio físico es un hábito muy recomendable para conseguir reducir la ansiedad y vivir de una forma más optimista. Los expertos recomiendan 40 minutos de cardio al día para vivir libres de ansiedad, ahora, durante el confinamiento, más que nunca. Se puede hacer, en una cinta, corriendo el pasillo, la terraza, apuntándote a un directo o app que te indique la rutina a seguir.
  • Yoga: tradicional disciplina física y mental que se originó en la India. El yoga enfatiza la meditacióny la liberación de estrés. En esta etapa que estamos viviendo de confinamiento, son cada día más los que se animan a practicarlo, sobretodo enfocado en la parte de la respiración para mantenerse en un estado de relajación que tanto necesitamos.
  • Practicar el mindfulness. Las propuestas de investigación y práctica del mindfulness tienen como objetivo mejorar la calidad de vida de las personas mediante sus prácticas, haciendo que éstas logren que sus días sean más plenos y felices. De esta manera la ansiedad disminuirá y, con ella, el hambre emocional.
  • Evitar el azúcar. El hambre emocional está muy relacionada con el consumo de alimentos azucarados. Por ello, lo mejor es evitar estos ingredientes y otros igual de calóricos en casa y optar por versiones más saludables de snacks.
  • Cuidado con los estimulantes. Más vale no atiborrarse de cafés, tés, colas y, mucho menos tabaco, para engañar el hambre, puesto que los tres son poderosos ansiógenos que a corto plazo te harán sentir peor.
  • Las infusiones sin cafeína ni teína, como el roibos, además de calmar la ansiedad, son ideales para dormir el apetito.
  • Beber agua sola o con limón, naranja o un toque de fruta es sano, refrescante y sencillamente delicioso. Ocupan espacio en el estómago y entretienen.
  • Proteínas. Una buena costumbre para los que pican es hacer muchas pequeñas comidas al día, para calmar el hambre y mantener el metabolismo funcionando. En este caso el truco está en las proteínas; si esas pequeñas comidas contienen una buena dosis proteica estamos ante la dieta perfecta.
  • Trabajo personal. Hacer un trabajo terapéutico para conocer mejor nuestro malestar emocional, saber su origen, aprender a controlarlo y/o tolerarlo, es probablemente el mejor método para abordar nuestro “hambre emocional”.

Un día más siempre es un día menos para vernos. Nosotros te queremos y deseamos verte fuerte a la vuelta.

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