La flora microbiana y los probióticos, bacterias nuevas, no son exclusivas de la ciencia y estudio de la flora intestinal. Los laboratorios y marcas lanzan nuevos productos y fórmulas con bacterias de diseño al servicio de los problemas de la piel.

En los últimos 10 años, los científicos han hecho enormes progresos en la comprensión del papel de la flora microbiana en la salud y la belleza. Las investigaciones se suceden y los ingredientes ‘inteligentes’ también.

Este progreso ha llevado a la aparición de nuevas estrategias terapéuticas basadas en el uso de probióticos (definidos como bacterias buenas), y más recientemente de postbióticos, un conjunto de metabolitos bioactivos producidos por probióticos.
En primer lugar relacionados con la industria alimentaria y la salud intestinal, estos microorganismos son ahora un área de investigación en la industria cosmética. Muchas son las empresas que se muestran interesadas en la idea de transponer sus efectos beneficiosos para la piel. Y en ello están, descubriendo y ‘bio.inspirándose’.

Probióticos, qué son

El término probiótico ha ganado mucha popularidad en los últimos años debido al ‘boom’ que han generado como complemento de la alimentación. La palabra que los designa significa “a favor de la vida”.

Debido a su capacidad para detener el crecimiento excesivo de microorganismos infecciosos, estos cultivos de bacterias son claves para evitar el desarrollo de varias patologías. Los qué más se aprovechan para beneficio humano son los lactobacilos y bífidobacterias.

En alimentación y salud, los probióticos son un gran complemento para aquellas personas que desarrollan trastornos digestivos por una alteración del pH intestinal.
Su ingesta a través de alimentos y suplementos es la mejor manera de fortalecer y proteger esas bacterias “buenas” que evitan enfermedades.

Nuestras otras microbiotas es un libro editado por la Sociedad Española de Probióticos y Prebióticos (SEPyP): “El creciente interés sobre nuestra microbiota contrasta con el gran aumento en el empleo de agentes biocidas en jabones, geles y desodorantes que aplicamos en nuestras manos y cuerpos ante el temor al contagio y difusión de innumerables microbios”.
Y como reitera la publicación, resulta francamente llamativa la desconexión entre la protección que queremos ofrecer a nuestra bacterias intestinales y la destrucción de las que anidan en la piel. Es probable que este hecho sea debido a la, con certeza, menor atención científica que, hasta ahora, ha tenido la microbiota de la piel en relación con la del intestino.

 

Aunque poco estudiada hasta este momento, la microbiota de la piel, seguramente proteja a este órgano y sus anejos de muchas de sus enfermedades y, probablemente contribuya al mantenimiento de la salud más allá del ámbito dérmico. Así además de funcionar como barrera ante la invasión microbiana, es esencial para el desarrollo de un sistema inmunológico competente. Es posible que alguno de los microbios de nuestra piel pueda estar implicado en la etiología de muchos procesos dermatológicos como la dermatitis atópica, el acné, la psoriasis, la rosácea o la cicatrización de las heridas.

 

Los estudios con mayor evidencia científica apuntan a su administración en la prevención de la dermatitis atópica temprana en niños con alto riesgo de padecerla.

 

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